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El mensaje de Minatitlán: cuatro mil petroleros y una dirigencia que cierra filas

+++ La revisión salarial 2026 dejó algo más que una propuesta sobre la mesa: mostró músculo, disciplina y capacidad de convocatoria alrededor de Ricardo Aldana y de la Sección 10 que encabeza Jorge Alberto Wade Zúñiga.

Minatitlán, Veracruz.

Lázaro Rodríguez Pérez

En política —y el sindicalismo petrolero también tiene mucho de política— hay fotografías que hablan por sí solas.

La que se tomó en Minatitlán esta semana es una de ellas.

Más de 4 mil trabajadoras y trabajadores petroleros acudieron a la Asamblea General Extraordinaria convocada por Jorge Alberto Wade Zúñiga, secretario general de la Sección 10 del STPRM y presidente del Grupo Frente Liberal Sindicalista. Y el dato no es menor: cuando una dirigencia logra movilizar a miles de trabajadores para discutir una negociación salarial, lo que está mostrando no es solamente capacidad de convocatoria; está exhibiendo organización y cohesión.

La revisión salarial 2026 llegó a un punto interesante.

Petróleos Mexicanos puso sobre la mesa una propuesta de 3.5 por ciento de incremento al salario y 2 por ciento en prestaciones, con una aplicación fraccionada. La respuesta de la Asamblea de la Sección 10 fue clara: no aprobar la propuesta y conceder un mes más para continuar negociando.

Y ahí está quizá la parte más importante de la historia.

No se trató simplemente de decir “no”. Se trató de darle margen a la Comisión Revisora para buscar un mejor acuerdo. Es decir, mantener abierta la negociación, pero sin regalar el respaldo de la base trabajadora.

El escenario además tiene un componente político-sindical evidente.

Durante la Asamblea se destacó el acompañamiento de Luis Ricardo Aldana Prieto, dirigente nacional del STPRM. Y Wade Zúñiga hizo un llamado explícito a mantener la unidad alrededor de la dirigencia nacional.

¿Es solamente un mensaje sindical?

Difícilmente.

Porque en una organización con 36 secciones, la fortaleza de un dirigente nacional no se mide únicamente desde un escritorio. Se mide en territorio, en las asambleas y, sobre todo, en la capacidad de las estructuras seccionales para cerrar filas cuando llega la hora de una negociación complicada.

De hecho, durante junio Aldana realizó una gira por las 36 secciones para escuchar a la base y construir el planteamiento sindical para la revisión salarial.

Por eso Minatitlán importa.

La Sección 10 no es cualquier sección. Es una de las estructuras históricas y de mayor peso dentro del sindicalismo petrolero del sur de Veracruz. Y Jorge Alberto Wade ya había mostrado capacidad de convocatoria en otros encuentros con miles de trabajadores.

Ahora vuelve a mostrarlo en un momento particularmente sensible: cuando Pemex y el STPRM tienen que encontrar un punto de equilibrio entre las condiciones financieras de la empresa y las demandas de los trabajadores.

Y aquí aparece otro detalle que no debería perderse de vista.

La revisión no está planteada únicamente como una discusión de porcentajes.

Los propios trabajadores han colocado sobre la mesa asuntos como seguridad en los centros de trabajo y servicios médicos, temas que también han sido señalados públicamente como parte de las preocupaciones del gremio.

Eso cambia la dimensión de la negociación.

Porque un aumento salarial puede medirse en porcentaje. La seguridad de un trabajador, no.

Un medicamento disponible tampoco se negocia únicamente en números.

Y es precisamente ahí donde la dirigencia sindical tiene que demostrar para qué sirve el músculo que hoy exhibe: no solamente para llenar un salón, sino para sentarse frente a Pemex con una base organizada, informada y dispuesta a respaldar las decisiones que se tomen.

La prórroga de 30 días tampoco es un asunto menor. A principios de agosto, el STPRM acordó extender el periodo de prehuelga para continuar las negociaciones con Pemex, argumentando la necesidad de mantener la normalidad operativa de la empresa y la estabilidad del país.

En otras palabras: todavía falta la parte más difícil.

La negociación.

Y mientras algunos pueden leer la fotografía de Minatitlán como una demostración de fuerza de Jorge Wade, otros pueden verla como una señal de respaldo a Ricardo Aldana.

Probablemente sean ambas cosas.

Porque cuando un dirigente seccional convoca a miles y esos miles participan, deliberan y toman una decisión unánime, la lectura política es inevitable: la estructura está funcionando.

Ahora toca convertir esa unidad en resultados.

Porque en el sindicalismo, como en la política, las porras pueden llenar un salón, pero los resultados son los que finalmente sostienen a un liderazgo.

Minatitlán ya mandó su mensaje.

La Sección 10 cerró filas.

Ahora la pelota está en la mesa de negociación.

Y ahí será donde se verá si el músculo mostrado en la asamblea se transforma en un acuerdo que convenza a los trabajadores petroleros.

Por lo pronto, una cosa quedó clara: en Minatitlán, Ricardo Aldana no está solo y Jorge Alberto Wade acaba de demostrar que tiene una base que sabe hacerse escuchar.

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