++ La ex presidenta del DIF de Soconusco enfrenta cuestionamientos por sus aspiraciones a la diputación local y responde con descalificaciones a quienes construyeron Morena desde sus inicios.
OPINIÓN/Cosoleacaque
Karla Moreno
La política suele ser terreno fértil para las aspiraciones personales, pero también para los desencuentros cuando quienes buscan una candidatura se encuentran de frente con una militancia que reclama ser escuchada.
Eso fue precisamente lo que ocurrió el pasado sábado durante la Asamblea de la Defensa de la Soberanía Nacional realizada en Cosoleacaque, donde la figura de Leticia Bórquez, ex presidenta del DIF municipal de Soconusco y esposa del ex alcalde Cuauhtémoc Barush, quedó en el centro de los cuestionamientos.
De acuerdo con las expresiones realizadas por militantes y simpatizantes de Morena durante el encuentro, existe molestia por lo que consideran una autoproclamación anticipada de Bórquez como aspirante a la diputación local por el distrito con cabecera en Cosoleacaque, cuando —señalan— todavía no se han definido mecanismos internos ni encuestas que determinen quién encabezará la candidatura.
Y aquí aparece el verdadero problema.
No es cuestionable que Leticia Bórquez aspire a un cargo de elección popular. En democracia, cualquier ciudadano que cumpla con los requisitos tiene derecho a participar.
Lo que genera inconformidad, según los propios militantes, es que se pretenda dar por hecho una candidatura que formalmente todavía no existe y, peor aún, que esa aspiración sea presentada como si ya contara con una especie de bendición política.
En el ambiente político de la región ha circulado la versión de que Bórquez se siente respaldada por el dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeda, y por la gobernadora Rocío Nahle. Sin embargo, una cosa es contar con simpatías o relaciones políticas y otra muy distinta es tener una candidatura formalmente definida.
Y ahí es donde la discusión adquiere mayor dimensión.
¿“Bultos” los que construyeron Morena?
La frase que encendió la polémica fue todavía más delicada.
Ante los cuestionamientos de militantes y fundadores, Bórquez habría respondido llamándolos “bultos” y pidiéndoles hacerse a un lado para dar oportunidad a quienes vienen llegando de otros partidos.
Si esas expresiones fueron pronunciadas en los términos que han trascendido, representan mucho más que una simple diferencia de opiniones.
Porque Morena no llegó al poder en Veracruz únicamente de la mano de quienes hoy ocupan cargos públicos.
Hubo ciudadanos que caminaron calles, tocaron puertas, organizaron reuniones, participaron en campañas cuando ganar parecía una posibilidad remota y defendieron un proyecto político cuando todavía no representaba el poder que actualmente tiene.
Llamarlos “bultos” no sólo resulta desafortunado políticamente: es desconocer una parte de la historia de la organización que hoy pretende postularla.
Y si el mensaje fue que los fundadores deben hacerse a un lado para que lleguen quienes antes militaban en otras fuerzas políticas, la pregunta es inevitable:
¿Para qué se construyó Morena: para cambiar las viejas prácticas políticas o para reproducirlas con nuevos protagonistas?
La política también necesita memoria
Otro de los señalamientos que generó reacciones fue la afirmación de Bórquez de tener 27 años haciendo política en Cosoleacaque.
Una declaración de ese tamaño, cuando se utiliza para acreditar experiencia o trayectoria política, debería poder sostenerse con hechos, cargos, participación pública y antecedentes verificables.
Porque en política la trayectoria no se construye únicamente pronunciando que se tiene experiencia.
Se demuestra.
Leticia Bórquez concluyó su responsabilidad como presidenta del DIF municipal de Soconusco en 2025 y, desde entonces, su nombre comenzó a aparecer con mayor fuerza entre quienes buscan posicionarse rumbo a la diputación local.
Eso es legítimo.
Lo que no parece legítimo políticamente es pretender que la militancia acepte una candidatura antes de que los propios procesos internos determinen quién debe representarla.
El verdadero desafío para Morena
Más allá de Leticia Bórquez, el episodio abre una discusión mucho más profunda dentro de Morena en el sur de Veracruz.
¿Las candidaturas serán resultado de las encuestas, de la decisión de la militancia y de los mecanismos establecidos por el partido?
¿O terminarán imponiéndose los acuerdos políticos de grupos y dirigentes?
Porque si algo quedó claro en Cosoleacaque es que existe una parte de la militancia que no está dispuesta a guardar silencio ante lo que considera imposiciones.
Y eso debería ser tomado en cuenta por quienes toman decisiones.
Si Leticia Bórquez quiere ser candidata, tendrá que demostrar que tiene respaldo ciudadano y político. Tendrá que convencer a la gente, no solamente a los dirigentes.
Y si finalmente las encuestas o los procedimientos internos favorecen su candidatura, tendrá todo el derecho de competir.
Pero mientras eso no ocurra, una aspiración sigue siendo una aspiración, no una candidatura.
Y los fundadores de Morena podrán tener muchas cosas, podrán cometer errores y podrán ser cuestionados, pero reducirlos a “bultos” porque reclaman participación no parece precisamente la mejor manera de pedirles su voto.
En política, quien quiere representar a un pueblo primero tiene que aprender a escuchar a quienes lo integran.
**Porque las candidaturas se pueden anunciar, presumir o incluso dar por seguras.
Pero al final, las decide la gente.**






