José Vargas.
Sur de Veracruz.-
Diciembre vuelve a llegar con luces encendidas y promesas de alegría, pero en muchos hogares del sur de Veracruz la Navidad no trae paz. Llega, en cambio, como un recordatorio brutal de lo que falta. De quienes no están. De los nombres que ya no se pronuncian en voz alta para no quebrarse.
En estas casas, la mesa se pone completa, aunque todos saben que hay un lugar vacío. Un plato que nadie toca. Una silla que nadie mueve. El tiempo se detiene justo ahí, donde la esperanza y el miedo conviven sin descanso.
Así pasan estas fechas las familias de los empresarios desaparecidos en Sayula de Alemán: Jesús Trujillo Pacheco, José Francisco Sánchez Avendaño y Carlos Alberto Bernáldez Cartagena. Así también las de Ángel Alexis Cortés Padua, Manuel Arnoldo Carmona Ramales y Víctor Hernández Salinas, privados de la libertad en Chinameca. Y así, con el corazón recién herido, la familia de Edgar Ramón de la Cruz Cerino, joven de Coatzacoalcos desaparecido hace apenas unos días.
Para ellos, la Navidad no tiene villancicos. Tiene noches largas, teléfonos en silencio y rezos que se repiten con la misma pregunta: ¿dónde están? Mientras afuera se escuchan cohetes y brindis, dentro de casa hay miradas perdidas y lágrimas que no siempre se dejan caer.
El dolor de una desaparición no descansa. No entiende de calendarios ni de celebraciones. Se vuelve más pesado cuando todo el mundo parece avanzar, cuando otros celebran y ellos solo esperan. Esperan una llamada, una noticia, una respuesta que les devuelva el aliento.
Aun así, no se rinden. Buscan. Preguntan. Exigen. Porque rendirse sería aceptar la ausencia, y eso es algo que ninguna madre, ningún padre, ningún hermano puede hacer. La memoria se convierte en resistencia y el amor, en la única forma de seguir vivos.
Esta Navidad, mientras las luces se encienden en las calles, en muchos hogares la esperanza es la única que permanece prendida, aunque duela sostenerla. Porque hay ausencias que no se explican y silencios que gritan más fuerte que cualquier celebración.
Para ellos, diciembre no es una fiesta: es una herida abierta






