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A ras de suelo: cuando el poder escucha

DE LA REDACCION

En la política mexicana —y más en la veracruzana— hay una frase que se repite como disco rayado: “el pueblo manda”. Pero entre el dicho y el hecho, hay un largo trecho… y muchas veces, un escritorio de por medio.

Hoy en Minatitlán, la narrativa comienza a moverse distinto. El alcalde Guillermo Reyes Espronceda parece haber entendido algo que a muchos se les olvida en cuanto se sientan en la silla: gobernar no es mandar, es escuchar.

No es casualidad que, desde el arranque de su administración 2026–2029, se le vea en territorio, en reuniones con agentes municipales, sectores productivos y ciudadanía organizada. No es pose, es método. Y eso, en política local, ya es ganancia.

Hace apenas unos días, el edil sostuvo encuentros con autoridades del área rural, no solo para la foto, sino para coordinar acciones y mejorar la atención directa en comunidades. Lo relevante no es la reunión en sí, sino el mensaje: hay apertura, hay disposición, hay puerta abierta.

Y en un municipio con la complejidad social, económica y territorial de Minatitlán —donde conviven zonas urbanas densas con comunidades rurales históricamente olvidadas— esa apertura no es un lujo, es una necesidad.

La política de cercanía: ventajas reales

Cuando un gobierno se acerca a la gente, pasan cosas que no siempre se ven en los boletines:

Primero, se reduce la distancia entre el problema y la solución. Ya no hay intermediarios eternos ni trámites que se pierden en la burocracia. El ciudadano habla, el gobierno escucha… y, si hay voluntad, actúa.

Segundo, se fortalece la confianza. Y ojo: la confianza no se decreta, se construye. Cada reunión, cada recorrido, cada diálogo directo suma puntos en una ciudadanía que, hay que decirlo, ya viene cansada de promesas recicladas.

Tercero, se genera corresponsabilidad. Porque cuando la gente participa, también se involucra. Ya no es solo “el gobierno debe”, sino “vamos juntos”. Y ahí cambia el juego.

El reto: que no sea flor de un día

Pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo. En Veracruz, la historia política está llena de arranques prometedores que se diluyen con el tiempo.

La apertura, si no se institucionaliza, corre el riesgo de quedarse en buena intención. La cercanía, si no se traduce en resultados concretos, se convierte en desgaste. Y la ciudadanía, hoy más que nunca, mide con lupa.

Ahí está la verdadera prueba para Guillermo Reyes Espronceda: convertir la apertura en política pública permanente. Que no dependa del ánimo del momento, sino que se vuelva estructura de gobierno.

Tiki-tiki final

Dicen en el rancho: “el que escucha, gobierna; el que no, se le amotina el gallinero”.

Y en Minatitlán, donde la gente no se queda callada, más vale que esa puerta siga abierta… porque cuando el pueblo toca, no siempre pide permiso.

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