Tiki/Tiki Político
Lázaro Rodríguez Pérez
Hubo un tiempo en que caminaba por Veracruz sintiéndose intocable. Bastaba una llamada, una amenaza o una orden desde Palacio para doblar alcaldes, intimidar empresarios y poner de rodillas a funcionarios, amedrentar o ¨CONGELAR¨a periodistas. Hoy la escena es completamente distinta: aparece en eventos políticos… y la clase política le huye.
Porque Veracruz no olvida.
Durante su paso por la Secretaría de Gobierno no construyó gobernabilidad; construyó miedo. Convirtió una oficina diseñada para el diálogo en un centro de presión política, venganzas personales y persecución institucional. Muchos presidentes municipales, operadores políticos y notarios conocen perfectamente el tamaño de su soberbia.
A varios notarios les congelaron trámites, los relegaron o simplemente los aplastaron políticamente por no alinearse a los intereses del llamado “Bola 8”. La consigna era clara: o estabas con él… o te convertías en objetivo.
En lo personal a mi me pasó…
Y mientras Veracruz se incendiaba entre violencia, crisis y desapariciones, él estaba más preocupado por alimentar su proyecto personal rumbo a la gubernatura. Se obsesionó tanto con el poder que terminó creyéndose dueño del estado.
La famosa bandera de la “negritud” terminó convertida en marketing político. Mucho discurso, mucha promoción personal… pero pocos resultados reales para las causas que decía defender.
Hoy el panorama cambió.
Dentro de Morena ya no lo ven como operador político; lo ven como un pasivo tóxico. Un personaje que dejó demasiados enemigos, demasiados agravios y demasiadas heridas abiertas.
La ruptura y la traición contra terminaron por sepultar lo poco que le quedaba de futuro político. Creyó que todavía podía mover piezas, imponer condiciones y operar candidaturas, pero la realidad le explotó en la cara: el poder se le fue… y con él también los “amigos”.
Hoy sus aspiraciones de convertirse en diputado federal por el distrito 17 suenan más a refugio político que a verdadera fortaleza electoral.
Porque algo quedó claro en Veracruz: el miedo puede durar un sexenio… pero el rechazo social puede perseguirte toda la vida.
Y Bola 8 hoy está viviendo exactamente eso: el peso de su propio pasado.
El político que antes hacía temblar oficinas completas, ahora apenas provoca silencio incómodo y distancia.
Así termina casi siempre la soberbia en la política: solo, repudiado y recordado más por los abusos que por los resultados.






