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Día del Niño: historias que duelen en el sur de Veracruz.

Agencias.

En el sur de Veracruz, el Día del Niño no siempre empieza con risas.

A veces comienza antes de que salga el sol, en una esquina cualquiera, donde un semáforo marca el ritmo de la vida. Ahí están ellos: pequeños con la mirada cansada, aprendiendo demasiado pronto que la calle también enseña… pero casi siempre a resistir.

Mientras unos reciben juguetes, otros cuentan monedas.

Y entre esas historias que se repiten todos los días, hay algunas que no se olvidan.

Hace algunos años, en las playas de Coatzacoalcos, una niña —recordada por muchos como Dulce María— perdió la vida. El mar, que para otros era diversión, para ella se volvió tragedia. Su nombre quedó flotando entre recuerdos, como esos que duelen porque nadie debería asociarlos con la infancia.

No es un caso único. No es una historia lejana.

Porque en esta región, la niñez muchas veces camina sin protección: en la calle, en el trabajo informal, en espacios donde el peligro está más cerca de lo que debería. Accidentes, enfermedades, violencia… riesgos que no deberían formar parte de crecer.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, millones de niñas y niños en el país realizan algún tipo de trabajo. Muchos de ellos están en la vía pública, expuestos todos los días a situaciones que pueden cambiarlo todo en un instante.

Y aunque no exista una cifra exacta de cuántos han perdido la vida en estas condiciones, basta con recordar un nombre, una historia, una ausencia… para entender la gravedad.

Hoy, mientras los festejos llenan salones y casas, allá afuera hay niños que siguen esperando algo más que un regalo: una oportunidad.

Este Día del Niño no es solo para celebrar.
Es para mirar lo que muchas veces se ignora.

Porque en el sur de Veracruz, la infancia no debería ser sinónimo de riesgo…
ni de despedidas tempranas.

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